Tobrua

SOÑANDO EN FORMENTERA LA MÁS BELLA DE LAS HISTORIAS DE AMOR.
Con los ojazos inundados de azules ahí va Biescas a traernos la Luna de Formentera. Como maestro (como guía cuántico) nos advierte que no hay posibilidad de disfrutar la luz si no se conoce la oscuridad. Hay una nostalgia, una pérdida, una sensación incómoda pero sutil que se cuela en el cerebro apenas leídas un par de páginas…

Es un libro oscuro; una sonrisa congelada, un anuncio de lo que está por venir. Para nada un libro deprimente, por supuesto. Sí, Biescas es maestro, es maestro de vida, de saber vivir. Leyendo Luna de Formentera hemos cambiado, diría que hemos crecido, aunque parezca ridículo a punto de cumplir los cuarenta. Pero hemos crecido porque la diáfana Luz de Formentera estaba incompleto sin Luna de Formentera. Como Lewis Carroll en Alicia a través del espejo, todo es aún más bello, más único cuando aprendemos que, quizás, todo esá a punto de perderse. No hay esperanza de retorno y sí certeza de pérdida. Magia y pérdida, Magic loss como en el disco de Lou REED…

¿Y de qué nos habla? Ah… Habla el artista de colores, mareas y alfabetos (Alfonsbetos, claro) que todos deberíamos haber aprendido en la escuela… Pero, claro,  las escuelas están para moldear consumidores, no para educar a los ciudadanos del mundo… Nos mantiene Biescas al filo de la tensión con lo real. Esa incómoda realidad que se va comiendo la isla (su isla, no lo duden) y ni tan sólo tiene la decencia de hacerlo poco a poco. Esa realidad que tiene ritmo de máquina, ritmo de música enlatada de discoteca barata, cutre y ¡oh! italiana.

El uníverso Biescas, el que habita de día en Luz de verano y de noche en Luna de Formentera es un bolero. Un bolero que, como todos los boleros, está enfermo de amor. Amor por la belleza, por la isla y por la mujer. Las nubes son ensalmadas para Biescas y se las come de dos en dos, despejándonos la isla para que la veamos con sus ojazos de artista. Entonces vemos los caminos de Xanadú, olemos las flores del romance y acabamos sentados mientras los pocos nativos que quedan nos cantan y bailan las mil historias que quizá quedarán siempre por cantar…

O quizás no, porque Biescas amenaza con completar esta sin par trilogía ignota.

Sin duda la más bella historia ha quedado por resolver. Tenemos una de cal (Luz de verano) y una de arena (Luna de Formentera) y nos hemos quedado boquiabiertos al saber que debemos esperar otro verano para, con suerte, cerrar el ciclo y saber (si es que Biescas nos deja) qué va a pasar con esa mujer (LA MUJER), con esa vida, con esos ojos que ven, aún hoy, la isla de una manera que el resto solo podemos soñar…

Pero por nosotros no va a quedar. Soñaremos y soñaremos hasta que alcancemos a comprender la más bella de las historias de amor…

Al Maestro Biescas sólo decirle , una vez más, gracias, muchísimas gracias por ser un artista de verdad y no un escurridizo squonk…

Anja

Me ha gustado más que Luz de verano.
Luna es un libro muy entrañable para los amantes de la isla y para saber disfrutar de Formentera incluso en pleno verano cuando está llena de todo tipo de flora y fauna humana…
La lectura ideal para un día soleado en la playa.

Pilar

Lo he devorado!!!
Y no tengo una sino varias preguntas:
-Dónde está Cello?
-Qué ha sido de ella?
-Dónde comieron esos boquerones tan ricos?
-Por qué Anata deja que Cello se vaya?
-Por qué  él no la va a buscar?
Se lamenta de no haberle pedido que se quede pero, no la va a buscar?

Toni

Me he leído Luna de Formentera en dos sentadas, entre baño y baño.
Me ha encantado y me lo he pasado muy bien con las aventuras y desventuras de los personajes.
Es el  libro perfecto para leerlo en verano y en la playa.